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La Coctelera

L'Imaginaire des Mots

Desconocida y Extraña existencia

6 Junio 2013

Tranquila...

La vida aparece enlas pestañas de los otros
e invade los objetos de inconstancia.
Vibra el calor en la lluvia
y las manzanas del vellocino
susurran palabras de lana
que revelan el tiempo de los pasos solos.
Se desarrolla en el centro la inquietud
-de los virus y las vacunas-
y el cíclope gigante, vencido en su alcoba
regresa al lugar inerte, que la brisa
tiñó de inocencia marchita.
Celeste, la ingravidez del pensamiento
revuelve la conciencia inalterable.
Es mentira. Evoluciona en silencio
la glándula que regresa a su morada.
Intuyo el camino largo, el esfuerzo,
el tejer de las arañas empancinadas
de jugo crispado, doliente, parco...
El juicio se endurece, crece dormido
y se revuelve en su nido inmigrante.
Duele el derecho y no hay apoyo.
Se incrusta el desvaído sigilo
de los dientes, de las serpientes,
de los ojos que transforman en piedra
a los osados y a los vacíos,
como a esta cicuta que se descalabra
en claveles y nardos de plata.

Ángela SM.

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12 Febrero 2013

Poema

Tags: poema, flor, amour

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30 Enero 2013

Rey Cósmico

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15 Enero 2013

El tiempo de los morgaños

Ángela SM.

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13 Enero 2013

Dans le lointain

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9 Enero 2013

Nerviosidades

Estoy asustada,
y ese escalofrío me invade reflejando esta pequeñez,
si bien, a veces, rumie que florezco grande.

La vacilación se apodera de mi estómago,
el desafío sigue pendiendo de un hilo
y la magia de las palabras
vuelve a dedicarse a la ansiedad inmediata
que recorre perpleja mis vacíos.

Estoy inquieta.

Los tiempos desabrochan las acciones
que rezuman inseguridades casi imperceptibles
en los trabajos y en los apegos comedidos,
tangibles, solo en la medida
en que la vibración me es devuelta;
como el cambio, en la caja del supermercado.

Ángela SM.

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9 Enero 2013

Encontrarte hoy

Porque hoy me apetece encontrarte
en todos los rincones de mi cuerpo,
rezando estoy a tus pies invisibles
descalza yo también,
esperando con ansia las palabras
que vas a escribirme discreto
después de tu siesta larga.

Porque hoy me apetece encontrarte,
seguirte en la inconstancia de tus horas,
enrollarme a tu espalda y confesarte
todas las cosas que ya sabes...
rezando estoy a tus pies invisibles
para recibir tu piel en mis mejillas
esta noche, o mañana si se te antoja...

Porque hoy me apetece encontrarte,
recrearme a mitad de tus pestañas
y quedarme absorta en tus pupilas
_pensar que podrías ser mío si quisiera_
dejando que me mires curioso
y me observes con tu media sonrisa
adivinando qué sensaciones provocas.

Porque hoy me apetece encontrarte
dibujar tu figura, mis ojos cerrados
y detener mis dedos en tu boca
para sentir el aliento que te contiene
mi oído en tu pecho... dentro, el latido.
Y sentir nuestra presencia en ese instante
porque no habrá nunca otro igual...

Y porque hoy me apetece encontrarte,
esperándome satisfecho en los granates
de tus cortinas cómplices,
la humareda, el vino, tus poesías...
voy a rezar a tus pies invisibles
para tenerte a mi lado ahora,
para seguir amándote toda una vida.

Ángela SM.

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26 Noviembre 2012

Adrián

Desfallecido en la arena y embadurnado como una croqueta, le tarareó canciones de Metálica apenas audibles mientras ella seguía hojeando su revista de parapsicología. Había llegado tambaleándose, pasando a trompicones entre las sombrillas para recostarse junto a la toalla de aquella chica, entonando un sin fin de melodías oscuras. No tenía más de treinta y pocos, y parecía colocado:

- ¿De qué color son mis ojos?- le preguntó tras el repertorio de canciones.

La miraba boca arriba, esforzándose por mantener los párpados separados mientras el sol empequeñecía sus pupilas. Su brazo derecho sobre la frente y media sonrisa que dejaba ver unos dientes blancos entre sus labios carnosos.

- Grises_ respondió ella.

- Son de ese tono porque estoy triste- dijo después de una respuesta que no esperaba. Por algún motivo estaba exiliado del amor, de la familia, vegetando en su coche cerca de un puente, al lado del Paseo M.

Cuando recuperó su verdadera consciencia le habló de barcos, del universo y los elementos, de los niveles de consciencia, de los idiomas que sabía, los lugares que había visitado... y la miró con ojos curiosos, agradeciendo aquella conversación. La gente no se le acercaba porque ahora vivía en la calle. Podía pasarse días sin entablar una conversación con nadie, deambulando por las avenidas repletas de individuos que siempre le volvían la cara mientras apretaban el paso. Algunos días en los que estaba más animado, se acercaba a casa de su amigo Moisés, el único que al menos le daba de comer de vez en cuando; pero Adrián sentía vergüenza de sí mismo y rara vez acudía. Recreaba en su pensamiento la necesidad de alejarse de su pasado porque todos le habían dado la espalda. No quería limosnas de aquellos que sabiendo la clase de persona que fue un día, le miraban por encima del hombro. Alguna referencia sin sentido quiso salir de su boca, quedándose a mitad de la garganta y resbalando de nuevo hasta donde alguna vez creyó que estaban las mariposas del amor, hoy secas y marchitas en medio del vacío.

Adrián era artesano. Trabajaba el cuero realizando pulseras que lograba vender en los mercadillos semanales de los pueblos colindantes a la ciudad; sin embargo, en esos momentos ya no le quedaba ni esa tarea, pues no disponía de material alguno. Andaba como un pato después de días sin alimentarse, encorvado a medias por el cansancio que le producía el tener que arrastrar sus huesos, envueltos en pellejo. Por la amplitud de su camiseta, se notaba que antes era corpulento y cuando no estaba tan flaco le confundían con algún príncipe de Noruega, masculló en varias ocasiones evocando un pasado del que se había apartado de golpe.

A lo largo de aquella tarde luminosa, quiso bañarse para desprenderse de la arena acumulada en su piel, enrojecida por las radiaciones. Tras salir de entre las olas verdosas se recostó largo rato a su lado, rozando los tobillos de aquella desconocida que había dejado de leer para conversar con él sobre misticismo y pensamientos trascendentales. Adrián le aportó su opinión a propósito del amor, de la convivencia, de cómo imaginaba a su chica ideal y se le insinuó descaradamente, pidiendo un beso en los labios que nunca recibió. Le preguntó si la estaba molestando pero con una sonrisa de oreja a oreja ella le contestó que en absoluto; agradecía esa conversación igual que él pues no discutía sobre temas similares con otras personas.
En algún momento, Adrián acarició ese muslo moreno con dos dedos temblones llenos de arena, mientras era observado de reojo por aquella chica del bikini violeta y lunares blancos, que sonreía a medias con los brazos cruzados sobre sus rodillas dobladas, dejando caer sus trenzas al recostar la cabeza sobre todo el conjunto de articulaciones. Una, pendiendo sobre el abismo entre su hombro y la arena, la otra sobre su espalda descubierta. Ninguno de los dos masculló palabra alguna; ambos sabían de la necesidad de contacto físico de Adrián después de meses sin abrazar a nadie.

El sol empezaba a perder fuerza y se levantaron para marcharse, caminando sobre la arena templada. Descalzos, fueron recibiendo el agradable masaje de aquellas piedras minúsculas, que no se distinguían de los trocitos casi invisibles de las conchas erosionadas. Mientras recorrían los cien metros que les separaban de las escaleras, Adrián le contaba que ni siquiera tenía su DNI. Entonces, parados durante unos minutos, escuchó con los ojos bien abiertos cómo esa desconocida de la playa, le explicaba qué podía hacer para salir de su situación. Era primordial que lo recuperase, o que consiguiera uno nuevo acudiendo a la jefatura de policía; no le iba a pasar nada, no era un delincuente. Le aconsejó que se pasara por el centro de acogida, donde podrían alimentarle y ofrecerle un lugar confortable en el que pasar la noche; le hablo de cientos de lugares a los que podía ir sin temor al rechazo, pero debía planteárselo y ser consciente de que no se podía alimentar del aire, ni de las limosnas ajenas de por vida. Fue severa con dulzura, pues en sus ojos se veía el desamparo y el abandono, excluido de la sociedad, a veces cruel con quien no lo merece. En ese momento se dio cuenta de lo ancha que le quedaba la camiseta que llevaba; descolorida, con algunos agujeros que dejaban ver la piel que lo envolvía. Debió de ser azul, pero se mostraba grisácea y llena de lamparones, desigual en los laterales. El pantalón oscuro, con miles de bolsillos y cremalleras, se le caía con cada paso que daba y sus sandalias, medio raídas por el uso, cambiaron la arena por el asfalto mientras cruzaban un paso de peatones que se había puesto en verde.

Cuando llegaron al pie de la muralla renacentista fueron a separarse, pero antes, ella le preguntó:

- ¿Has comido hoy?

Él negó con la cabeza y con gesto avergonzado bajó su mirada al suelo, separando sus pupilas de aquellos ojos de color almendra que le observaban. Ya le había ofrecido el botellín de agua y el resto del paquete de patatas fritas que se había llevado a la playa, pero además, Adrián recibió un billete mientras ella agarraba sus manos disimuladamente y le plantaba dos besos sonoros en las mejillas para despedirse. Él ni siquiera lo miró. Solo sonreía viéndola subir la cuesta de la gasolinera perezosa y meditabunda. Adrián seguía parado con pose relajada, dejando caer el peso de su altura sobre una de sus piernas flacuchas. Sus brazos lánguidos pegados al cuerpo y los cabellos rubísimos descompuestos. Ahora sus ojos lucían completamente azules, desprendiendo gratitud, y permanecía inmóvil como el personaje ya crecido de Saint-Exupéry, mientras se preguntaba en silencio quién sería ella.

Ángela SM.

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Mistica, còsmica, aùrica y energètica. Fan de los magnetismos interpersonales, apasionada por la poesìa, la literatura francesa en general, las melodìas melancòlicas y de los ratitos de meditaciòn en los que una se plantea el origen de todo. Siempre lo dirè: soy buena por naturaleza y creativa. hit counter html code
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