Los efectos de los tès de por la tarde.
En estos momentos me siento como un periodista -escritor de los años veinte o treinta, aunque en realidad soy una mujer opositora del 2010. Me ha venido este pensamiento a la cabeza por el ambiente que me envuelve ahora. De fondo, un blues de Bessie Smith de 1927 _ que en realidad es RNE con su programa especial de Jazz_; sobre la mesa, un menta poleo que haría de café bien cargado, la temperatura sería similar en ambos. En lugar de un teléfono de la época, un móvil superpráctico. Los mismos papelotes, folios, carpetas de cartulina amarilla... aunque faltaría algún periódico, gaceta o folletín semi-doblado al lado del café-menta, pero no importa porque lo puedo consultar por internet. Los útiles para escribir a mano son mucho más modernos que los de principios de siglo, teniendo en cuenta que no había rotuladores... y es que éstos fueron inventados por un tal Yukio Horie en 1962, y no digamos nada de los fosforitos, compañeros de tantos exámenes... La máquina de escribir se ha convertido en un portátil casi cascado con su teclado recién instalado, donde no hace falta colocar el papel, sino abrir Word para comenzar a pulsar las teclas sin necesidad de hundir los dedos en ellas, ni darle a la palanca de espacio. Me faltan los cigarros, que los tengo en el bolso-saco en lugar de llevarlos en el bolsillo izquierdo de mi chaqueta de paño. De hecho, llevo una sudadera de chándal con cremallera y unas zapatillas negras de estar por casa en las que pone "I love Mickey", que me regaló mi hermana y cuñado, pero debería tener puestos unos mocasines abrillantados, quizás en dos colores...
Y vuelvo a la realidad. Le tomo la foto a mi mesa de estudio para inmortalizar el momento _no sea que a otro chiflado dentro de 90 años le dé por sentirse una mujer opositora del 2010, y no tenga suficientes datos a los que remitirse..._ Así pues, me voy a fumar ese cigarro que cogeré de mi bolso y me iré andando con mis zapatillas de Mickey hasta el patio, porque no se puede fumar dentro de casa.
Angela S.M.







Ángela Gómez Anaya dijo
A mi me hubiese encantado poder sentir la naturaleza del periodismo de los años treinta...
Yo si estudio periodismo pero nada tiene que ver, imagino, con la esencia que éste desprendía... Una gabardina color crema para afrontar la lluvia de las interminables noches londineses (por mencionar algún lugar) y, de acompañante, una gastada libreta de folios pálidos con caligrafías apresuradas por la emoción y por las ansias de investigación. No conformarse con una única fuente de información, tocar millones de puertas en busca de una respuesta a nuestras preguntas y contar, a través de las páginas de los enormes periódicos de la época, una historia humana.
Ahora, a las 9 de la mañana llegan las previsiones del día: teletipos, notas gubernamentales, convocatorias a prensa... Cojes la grabadora y te diriges hacia el lugar. La jefa de prensa te da todos los datos que quiere saber, las preguntas están estudiadas; y, las respuestas, también. En tu portátil diminuto, tecleas a toda prisa lo que los dirigentes prometen y olvidan. Llegas a la redacción, redactas la información y entrecomillas algunas declaraciones para darle más vidilla al asunto.
Miras el reloj: son las 14:00. Hasta mañana.
Ahora que lo escribo y lo leo... evitaré seguir esa línea. Rescataré la esencia.
21 Mayo 2010 | 10:32 PM