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Sombras chinescas se desvanecen con la rotunda oscuridad del interruptor. Calladas, las palabras se amontonan, forman grupos, se deshacen, se cambian los colores, se vuelven imágenes holográficas... que sólo existen en un espacio de tiempo. Se disuelven y se mezclan, se rompen, se vuelven dulces, se reinventan... y la bombilla sigue encendida, en el interior del seno blanco grisáceo. No para. Siempre está vibrando. Por momentos aparecen las visiones, los urogallos y los pavos reales. Se condensan en un deseo y rezuma inquietud desde las yemas. Más tarde empieza a conexionar distinto. El plasma violeta aparece tras el azul chillón que invade la sombra perentoria, dejando que todo se perciba como en una pecera. Las palabras cambian de significado, los elementos de morfología y los deseos se ven desvelados en origen. Otro mundo vivo.
Ángela S.M.






argivo dijo
Te veo,
como en sueño de algas vidriadas,
es que navegas en un océano de
cristales rotos.
2 Noviembre 2010 | 01:48 AM